Casa Letra Grande    
 
Santo Domingo, República Dominicana

 

1-Puta niña

2- Maldito hombre

3- ¡Salve!, Osiris

4- Conciencia, Mary

5- Cuando hablan los recuerdos

6- Canto del caminante eterno

7- Espera de la noche

 8- Segunda espera de la noche

9- Ser del amor

10- Triste camino

11- Suerte plena

12- Envidia

13- Pobres margaritas

 

SUS MENSAJES: jrquinones@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Poemas de Juan Ramón Quiñones

Tenemos el placer de presentar varios de los poemas que hasta ahora mantuvo inéditos el poeta Juan Ramón Quiñones, creador de la Poesía Infinita.

Triste camino

Por Juan Ramón Quiñones

 

En mi triste camino

multipliqué mis huellas.

Una por dos,

el hambre canta a la perdición;

dos por dos,

en un cuadro revelo nuestra estrella;

cuatro por cuatro,

ruina en el clan de comedias,

y dieciséis por cuatro,

por la resurrección.

Y de súbito nació

Pitágoras

en mi amplio

espectro zodiacal,

y entonces aprendí

a sumar la cadena

inmutable de dioses

y a escribir,

subterráneo,

y a leer en subterráneos

la tabla de mis prédicas,

y hallé oro en mis versos.

y me encontré,

durante

diurnas excavaciones,

sobre quebradas huellas,

y canté a los dioses,

y me comprometí

a respetar virtudes

y a reverenciar siempre

las profundas pisadas

de todos mis anhelos

y el verbo de mis padres.

 

Y en mi triste camino

vi cofres pitagóricos

donde encontré virtudes

más preciadas que el vino,

más doradas que el sol,

y desperté con Eva

y preparé mis pies.

El mundo se inició

con nuestras firmes huellas.

y nos enamoramos

del viento y de la lluvia

y en el oriente

quedó

clavada

la más grande

hazaña de una virgen

y de un descostillado

y salvaje cordero.

 

Y seguí arrastrándome en la franja

huesuda

donde mis pies hundían

el pasado,

y con dolor

en mis rodillas frágiles

busqué nuestro futuro,

y eché a los cuatro vientos

la maldición primera

y nos reconocimos,

Eva y yo,

en la fuente

de los altos deseos

y en el pico mojado

por salvaje libido

que ardorosa chocaba

entre labios y lenguas.

 

Y los juegos olímpicos

me los imaginaba

celebrándose en medio

de la inhóspita selva.

 

¡Oh, camino de corta y sucia longitud,

pavoroso sendero

marcado por la nada!,

camino que es la vía

que recorren las ratas;

sendero descubierto entre altos

manzanos,

medido por la lengua de pitonisa

diosa,

abierto por la voz

óptima de serpientes.

 

Y quedaban atrás

las flores y las fuentes,

rastros de nuestra espada,

sospecha de venganza,

indicio que revela

la sed del corazón

y deseos de frecuentes

paseos y caminatas.

Y nos topamos fríamente

con sangre en la quijada

de un hijo pasajero,

eternamente

efímero.

Y se arrastró la lluvia en párpados

abiertos.

Y en nuestros lodazales

dormimos tras un baño

entre hambrientos gusanos.

 

Olvidada,

la espada

resplandece en el óxido.

Olvidada,

la luna

permanece olvidada.

En ella se ven huellas

de la pasión humana.

 

Cadenciosa camina,

cubierta de hojas,

mi Eva;

y ella,

mi sorprendida

estrella cazadora

de frutas y serpientes,

me acompaña en el éxodo.

¡Oh, trémula costilla

que hace florecer

jardines en tu lengua!

se masturban los truenos

y los nueve querubes.

 

Me hicieron muy estrecho

el camino a Poniente

cuando apenas yo veía

que la luz se posaba

entre mis gruesos labios

y entre el vientre de mi Eva

y en sus tímidos senos.

 

¡Oh, manzana que gira

sobre ardientes deseos!,

te pusiste tus gafas

para ver quién se acerca

a las proximidades

de las cuatro estaciones

y al jardín del infierno.

 

No encuentro mis risas

ni gajos de luceros

ni arrugas de suspiros

nii mi espíritu eterno.

Sólo atisbo las luces

que trémulas se esconden

en cavernas y cielos

y en escamas del suelo.

 

¡Oh, murallas!

¡Qué gratas

son las rojas manzanas

a todos mis sentidos,

a mis cinco sentidos

puestos a relucir

en los juegos olímpicos,

en medio de la selva!

Casi ando al descubierto

derribando obstáculos,

subiéndome a los hombros

de futuros cadáveres.

Meciéndome en las  penas,

en alegrías huecas

junto a sonrientes títeres.

Subiéndome, también,

a ayes esperanzados,

y caminando en sendas

con pocas barandillas,

sin mirra, sin incienso.

 

Piso mi ayer de metas,

proyectos y visiones.

¡Oh, grande polvareda,

sólo quedan recuerdos,

vagos besos sedientos

de florecidos pétalos

y la sal de mis lágrimas

sobre una hoja sin dueño!

 

Se nublan mis recuerdos

en el triste sendero,

detrás de las veredas.

se esconde mi memoria

en sepulcrales versos.

 

Pasos hacia el futuro,

búsqueda entre las piernas

del tembloroso espacio

que olvidó primaveras,

que atravesó cosechas,

que oscureció en tenue

y rica primavera.

¡Oh, mis sueños! ¡Oh, mi Eva!

¡Oh, sueños retocados

al cantarme la aurora!,

hora de preguntarle

a un ángel desplumado

sobre la ida del día

y del amanecer.

¡Oh, caída de la gloria!

¡Oh, subida del dolor!

Cuatro por dieciséis,

voz  para renacer:

¡Ha muerto, ha muerto el Rey!

¡Oh, mis sueños! ¡Oh, mi Eva!


                                      

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