| LA GRAN VERDAD
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Juan Ramón Quiñones
Opción: Amor y Felicidad
PALABRAS
NECESARIAS PARA LA FELICIDAD
El
canto al amor y a la felicidad nos conduce al lloriqueo del
corazón.
A cada rato hablo
de amor y felicidad. Y ustedes dirán, hijas: "Pero nuestro
padre es humano y como tal sufre de..., sufre con..., sufre a...,
y sufre por... y algo ha de causarle dolor, congoja y
pena alguna vez".
Hijas, amor es el término destinado a identificar el sentimiento
que inclina al ser humano hacia lo que le gusta, apetece,
place y le llena el corazón. Y felicidad es placer, satisfacción
y gusto grande, según el diccionario.
Cuando hablo de amor y felicidad no digo que siempre, siempre,
siento amor y felicidad. Lo que persigo es amar, amar siempre y,
con el fruto de mis acciones, ser feliz, feliz siempre.
Para el hombre encontrar el verdadero camino de la felicidad
primero debe sentir amor y desprenderse de los causantes de dolor.
Conozco a un Maestro que aconseja la supresión del dolor para que
podamos lograr el reposo, la ciencia, la iluminación y, por
último, el anonadamiento final en la esencia divina (el nirvana),
estados y conocimiento a los que se puede ascender por la
escalera del ascetismo (vida consagrada a los ejercicios piadosos)
y la vida mundana.
Y también conozco al Maestro de los Maestros del mundo occidental
que dijo: "No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas
mentiras en perjuicio de nadie, honra a tu padre y a tu madre y
ama a tu prójimo como a ti mismo".
Los nombres de esos maestros son Siddharta Gautama y Jesús.
Gautama (el Buda) aconseja, para la vida cotidiana:
"Sed compasivo y respetad la vida más íntima.
"Dad y recibid libremente, pero no toméis nada
indebidamente.
"No mintáis jamás, aún en las ocasiones que os aparezcan
capaces de absolver la mentira.
"Evitad las drogas y las bebidas.
"Respetad la mujer y no cometáis acto carnal ilegítimo y
fuera de la naturaleza".
Luego de aprendernos las enseñanzas de Buda, Jesús y
otros iluminados, podemos decir que estamos preparados para hablar
de amor y felicidad.
Además, tras la lectura de estas palabras de Buda, no
tenemos más remedio que acudir diariamente al gozo, al lloriqueo
del corazón, al placer, a la satisfacción y al gusto:
"Oh, monjes, aprended que toda existencia no es más que
dolor; nacimiento es dolor, vejez es dolor. Así como la muerte,
como la unión con aquel que uno no ama, como la separación de
aquel que se ama o la imposibilidad de satisfacer su deseo... En
el origen de ese dolor universal se encuentra la sed de existir,
la sed de placer que experimentan los cinco sentidos exteriores y
los sentidos interiores y, aún, la sed de morir".
De ahí es que, hijas, miles de hombres hemos aprendido a
cantarles al amor y a la felicidad y no al dolor y a las
calamidades humanas.
Juan Ramón Quiñones
23.1
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