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LA GRAN VERDAD

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Juan Ramón Quiñones

Licencia...y Spinoza

ENTRE MIS HIJAS, SPINOZA Y YO

A mi lado sólo mi sangre y los de mi sangre y quienes se han ganado mi amor con amor.


Me han dado permiso para escribir sobre la vida y obra de Spinoza. Sin embargo, pido licencia al dador del permiso para escribir mejor acerca de  lo que nunca reveló el famoso filósofo y teólogo holandés. Prefiero esto último a lo primero porque si enfilo por la gran debilidad de Spinoza, el Panteísmo, cometeré el sacrilegio de pisar terrenos demasiado santos para mí.

En esos terrenos, hijas, muchos sabios sembraron buenas semillas y, según otros sabios, nada útil y práctico para la humanidad se ha cosechado. Por ejemplo, al joven Baruch Spinoza le dio una vez por pensar en la relación del Universo con el Sumo Creador. Y armó un barullo tan grande que a través de varios siglos tal vez pocas personas han entendido al teólogo.

A saber:

Según su Etica, Spinoza considera que entre el Universo y el Sumo Creador no existe diferencia: uno es idéntico al otro. El Señor es la sustancia incausada de todas las cosas, sustancia que sólo se relaciona con lo metafísico y no lo material. ¿Pero qué ocurre en este sinuoso terreno filosófico? Spinoza hace suyo el concepto de los filósofos escolásticos, con lo cual se establece que el tema ha dado mucha agua a beber a los sabios.

Y yo me limito a exclamar con ignorancia para lo que me conviene: La relación del Universo con el Sumo Creador, ¡qué tema tan apasionante! Apasionante porque ni en la remota India los filósofos pudieron hallar nada en cuanto a la relación entre lo divino y lo no divino. Identificar el Universo con el Sumo Creador, sí es apasionamiento. Pregúntenle ustedes, queridas hijas, al filósofo indio Shankara. ¡Especulación por doquier! ¿Y voy yo, Señor dador del permiso, a escribir en torno a la vida y obra de quien es considerado "el máximo exponente" del Panteísmo? Con leer las enseñanzas de varios iluminados me basta.

De ahí es que otórgueme licencia, Señor, para escribir sobre lo que no se ha dicho del filósofo holandés.  No quiero decirles a mis hijas los años de nacimiento y fallecimiento de Spinoza (1632-1677), ni que sus conocimientos se fundaron en el Talmud, ni que Thomas Hobbes y René Descartes moldearon su pensamiento. Ya esto se ha dicho repetidas veces. Y, por añadidura, ¿qué interés tienen para el mundo las primeras obras de Spinoza: unos cuantos tratados teológicos?

Rehuso referirme también a  lo que hizo Spinoza lejos de Amsterdam luego de que los rabinos lo echaron de la sinagoga. Cinco años vivió en las afueras de la ciudad por haberse envenenado con las ideas de Hobbes y Descartes. Los judíos fueron implacables con nuestro héroe por tal motivo. Esto ocurría en los tiempos en que  Newton pensaba sobre gravitación.  Lo sabíamos. ¿Pero qué escribió él más allá de lo común y qué hizo lejos de lo normal?

¿Esto?: ¿Que fuera de Amsterdam se ganó la vida puliendo lentes? ¿Y que con  24 años de edad a cuestas, nuestro inquieto, contradictorio y polémico joven empezó a escribir sus tratados? No.

La importancia que revisten sus estudios y obras radica en hechos que yo necesariamente debo suponer que ocurrieron, debido a que nuestro querido filósofo no andaba bien de la cabeza, como es natural. Y ahí está lo anormal y lo descomunal del pensamiento de nuestro admirado loco.

Y miren, hijas, lo que hizo y le ocurrió a Spinoza. Se desquició con el paralelismo. Durante la elaboración de su teoría del paralelismo un día entró en estado de embeleso, sus sentidos se paralizaron, cayó en éxtasis..., había descubierto el "palo si bogas y palo si no bogas", esto es, que nuestras ideas tienen un complemento físico y que, como lo que es igual arriba lo es abajo, los objetos tienen sus correspondientes ideas.

Magistral. A esto quería aludir, hijas, y nada más. Es un poco parecido a lo que escribí hace tiempo: "Ël amor se hizo odio para renovar odios y luego fue guadaña segadora de cuellos el odio". Y también es un poco así: la línea paralela del macho, es la línea de la hembra (juntos, pero no reburujados); la línea de la paz tiene a su lado la de la guerra; la de la riqueza, la pobreza... Y pienso que Spinoza debe conocer desde el más allá  mi línea: la que no acepta comparaciones negativas: la paralela de mi amor, es mi supra-amor; la de mis amigos, mis amigazos; y la de mis enemigos, mis archienemigos.

Si están contentas con lo dicho por este hombre sin vidas paralelas (yo), siéntanse dichosas de como soy, y algún día podremos conocer a los hijos de Nietzsche. Supermujeres sólo paren supermujeres y los hombres felices, seres humanos felices son.

Juan Ramón Quiñones


22.1  

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