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| 27 de febrero 2006 | |||||||
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Juan Ramón Quiñones
Historia del amor Sin recorrer las costas de lejanos mares, sin fundar mis colonias en cuerpos temblorosos y sin descomponer tonos en un diapasón, utilicé mi voz y mi intelecto para escribir la historia del amor. Primero, alegre canté a lo desconocido porque la realidad del mundo me tenía hastiado. Y recibí el don de lenguas para cantarle a la vida y susurrarle a la muerte caprichitos de eternidad. Luego me formulé preguntas y pensé, razoné... y puse a fría prueba mi inteligencia, y mi sabiduría la resumí en las largas pestañas de mi sonrisa. Entonces yo, tras oir los cascabeles de la luna, moví el horizonte con brazos del mar y en pequeño bote blanco la Noche me condujo al hostal de Neftis. Allí soñé con almas y espíritus puros y tuve la impresión de que Neftis e Isis fortificaban el lugar para que yo, con buenos ojos, viera el nacimiento del amor. Un niño con cabeza de chacal me invitaba a pasar por el umbral del último templo; pero rechacé tal solicitud. Pronto, pronto pasaron las horas. Ante el primer estiramiento de la tierra, desperté vigoroso y feliz. Tarareando volví a mis dominios: "¡Ah, vida hermosa, qué grande es tu amor durante el día y la noche!; permíteme orar sobre tu vientre ". Y oré no sé en qué lengua, y les sonreí a la vida y a la muerte...
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