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Secretos 6 de marzo del 2006
Eterno Malecón
Juan Ramón Quiñones
¡Oh Malecón, verbo hecho
portal en la inmensidad de la Patria!, en tu grata sonrisa el canto de Natura deposita su
dulzura. Las olas humedecen mi frente, mis ojos se refrescan en
cabellera verde.
Descienden las gaviotas, festejo en ti la aurora, ¡oh aves que reviven las páginas de nuestra
historia!
¡Oh Malecón,
oh madre y padre
de mi Atenas del Nuevo Mundo, donde salitre y sol danzan con el viento,
donde el viento inmortaliza la belleza y la belleza exhibe nuestros sueños
en las alturas!
¡Oh Malecón con mis niñas
en la falda, con mis pies en el agua, con mi alma en tus senos y mis
grandes infantes que levantan castillos de arena en tu cintura!
Los
arrecifes guardan historias de un almendro, y
palmeras nuevas y ancianas vigilantes son de
las espumas. Navegan en las boyas
secretos de viudas y
reinan en las algas suspiros de enamorados.
¡Oh Malecón, saludas con
pestañas a visitantes de la gloria, regocíjanse ojos extranjeros
cuando vislumbran tus dominios!
Te respetan
los fuertes vientos, tú no tienes espacio para sepulcro, eres eterno como tu Guibia.
¡Oh malecón
que meces mis sentidos en los arcoiris sin perdernos
de mirada! ¡Cuántos versos las olas
columpian al llegar la madrugada!
Paso de atardeceres,
vasija de pestañas, vía de cantos,
juergas y discursos,
centro que reúne en fiestas a ángeles y demonios, eres, Malecón,
y eres y
serás felicidad y fortuna. Los colores aumentan en tus altares como
los cacicazgos crecen en mi culto.
Hola, mi
Malecón, hoy te saludo en nombre de nuestros ancestros y del Padre, del Hijo
y del Espíritu.
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