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Secretos
3 de marzo del 2006
Patria de
antítesis
Juan Ramón Quiñones
Clavada en la cerviz de un
monumento ondea la bandera de la libertad (dolmen al sojuzgado, manjar para
los dominios).
¡Que viva la República!
(sangra la lejanía en la espalda del futuro).
¿Dónde murió el ayer?
(patria de antítesis, banderilleros, picadores y matadores).
He ahí la ceremonia, ya
dedicada está a los fieles difuntos, espectáculo sin igual, crimen contra
los dioses. (Mueren los salvadores de
noche, agonizan los pobres de día).
Clavan primero lenguas en
el verbo y luego los menhires florecen ante los ojos de los incrédulos.
Arpones a mano resplandecen
en el Senado; alabardas y puyas de la Justicia caen
sobre la inocencia y en el Ejecutivo la muerte factura sus servicios. Arpón,
pica y espada, los tres poderes del Estado.
Olé, mueren los dioses de
noche, agonizan los pobres de día. Olé, banderillero, quién lo diría, nadie
callaría, sangre de noche, sangre de día. Olé, clava primero, después
desconsidera al desvalido, y, por último, ve, desentierra a la muerte,
aplaudirán con llanto tu tropelía.
¡Cuántos dardos se abren en
mi nuca y cuántas lanzas cercenan mi ilusión! Y cuando la espada silencia mi
respiración, la música vaga dolida por los intersticios de la arena.
Hoy no penetres mucho,
picador, deja para mañana espacio al matador… Sangre de noche, sangre de día.
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