| Sitio para tres
LA GRAN VERDAD
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Juan Ramón Quiñones
Fantasía para Dos
Mi imagen siempre está presente en el fondo
del principio y el fin
Una Razón de la Eterna Búsqueda
Hoy quiero algo y no sé qué. ¿Les ha ocurrido
esto alguna vez, hijas? Me imagino que sí. Para yo hallar lo que
deseo es necesario que empiece a buscar aquí, acá, allá y
acullá..., a buscar lo que sea. Dando los primeros pasos veré
qué puede aparecérseme en el camino.Y echo a caminar, y pienso
en lo que súbitamente acude a mi mente... Veo la letra
"a", y pregunto absorto: ¿Y qué puedes darme tú,
amiga "A"? Y ella me responde con sonrisa de novia
triunfadora: "¡Ah, soy la primera letra de varios alfabetos;
soy el Alfa, amigo, y creo que tú eres el Omega!"
¿Habrá en esa expresión algo oculto?, me
pregunto. Y busco en mi cerebro una pista porque estoy seguro de
que en lo dicho por A existe un mensaje encubierto. Y pienso en
que Alfa es la primera letra del alfabeto griego y que se le
tiene, junto a Omega, como "principio y fin". El Sumo
Creador es el alfa y el omega de la creación.
Ya ven, hijas, el misterioso mensaje comienza a
revelar su contenido a mi resplandeciente curiosidad y me asombro
por la aparición, como el amante de los paisajes en los bostezos
del amanecer. Continuemos, pues, descorriendo el velo que cubre la
expresión "soy el Alfa, amigo, y creo que tú eres el
Omega".
En la búsqueda hallamos que omega es la última
letra del bendito alfabeto griego. Entonces, ¿yo soy el último
de qué, por qué y para qué?
¡Ah, veo que soy parte de la creación del
Todopoderoso! ¡Ah, tengo principio y fin! ¡Ah, existo!..., pero
¿por qué y para qué? No profundizaré sobre el particular
porque ni los sabios griegos pudieron responder satisfactoriamente
las preguntas que suscitaban sus curiosidades. Los
filósofos se preguntaban "¿de dónde vengo y hacia dónde
voy?", y hoy yo respondo: "Vengo del Principio y voy al
Fin, y soy el primero entre los primeros y el último de todos los
últimos". O, a falta de juicio, utilizaría las
palabras de Sócrates: "Yo sólo sé que no sé nada".
Hijas, en este afán del venir y del ir, al que
le llaman destino, voy encontrando las respuestas al por qué y al
para qué. Cuando algo agradable me ocurre, digo para mis
adentros: "Gracias, Señor, por esta gran felicidad".
¿Pero por qué a mí y para mí el dolor y el placer? ¿Es que
soy producto de una imagen megamultiplicadora? ¡Ah, me parezco a
los demás!
Por alguna razón me vino a la mente la letra
"a". Hoy me siento, igual que la esencia de esta unidad
vocal reveladora de la Alta Divinidad, ser el primero en todo, no
sólo en los éxitos obtenidos, sino también en todo cuanto de
agradable tiene la vida. Y entre esas cosas buenas debo mantenerme
sano física y mentalmente y amar más profundamente a mis hijos.
Hoy he querido algo y lo he conseguido.
Gracias, Señor. Me presentas tu inmensidad
divina en una minúscula letra. Y perdóname porque sigo buscando
lo que no se me ha perdido. ¡Qué cosa, hijas!
Juan Ramón Quiñones
13.1
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