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El
Eco Diario
Cofres del amor
Por Juan Ramón
Quiñones
Escucha,
nieto, nieto, niño conocedor de mis grandes historias y de propias y
ajenas aventuras y hazañas, hazañas y aventuras que por ser tan increíbles
la gente las envía al polvo y al olvido... Escucha, por favor, cómo me
decidí a lustrar el amor… A lustrarlo, si así puede decirlo un poeta...
Que brille la verdad desde el bendito inicio de tu primera infancia.
Durante meses
y años di prestigio a mi voz…Sí, prestigié mi voz…Y con ella, ya
instruida, comedida y serena, yo inscribía el amor en los espirituales
libros de increíbles cuentos, increíbles pero ciertos.
Pues, mi
querido nieto, sin recorrer yo costas de unos lejanos mares, y sin fundar
colonias y sin descomponer armonías corales, utilicé mi voz y mi inquieto
intelecto para escribir mi historia, la historia del amor.
…Bien, primero
canté a lo desconocido porque la realidad del afanar humano ya me tenía
hastiado.
Y gracias a la
súplica que elevé en una oración, recibí el don de lenguas para orar por
la vida y pedirle a la muerte caprichitos de eternidad.
Luego me
formulé atrevidas preguntas y pensé sobre el odio, sobre el culto a la
duda y sobre tempestades sentimentales.
Definitivamente, atento niño mío, pasé por el cedazo de la vida mundana
las semillas humanas, y, como un pez, corrió, corrió por mi garganta mi
alegre corazón. Mi espíritu nadaba en aguas cristalinas, claras como las
lágrimas vertidas por los dioses en el amanecer de la perversidad.
Y me ponía a
prueba… Yo mismo me ponía… Y mi sabiduría la resumí en
mejillas
dulcemente sonrientes.
Entonces, tras oír yo
raros sonidos
sobre
nuestra luna
morena, alegre
abaniqué el azul horizonte con
mis
brazos
marinos, y
en bote de papel
navegué con la
noche al
negro hostal de Neftis. Allí, en aquel albergue, soñé con grandes almas,
almas universales,
y tuve la
impresión de que Neftis e Isis, unidas como hermanas, como la oscuridad y
la
celestial
luz, me mostrarían cofres
en los cuales
vería
grandiosos
corazones
aún sujetos a fuertes y sanas emociones.
Mi
impresión fue certera. Y abrí
rosados
cofres.
Y pasaban las horas. En
los
hermosos baúles,
con
piedras celestiales suavemente empotradas,
latían
corazones
rojos como la
sangre,
color que contraría a cansados pastores y a inocentes rebaños. En cada corazón aparecía escrita una
hierática
fórmula para hallar el amor
al cruzar la avenida,
y para
hacer que
nazcan,
que
broten, se
conserven,
en cualquier
limpio
pecho,
el perdón, la humildad.
Y así
aprendí cómo es que nace un amor y
cómo siempre
puede conducirnos
a la suma
y multiplicación de los gustos del alma. Lo sé por lo que vi, por
cuanto
descendía de la luna en
menguante y por delicadísimas miradas y sonrisas que Isis y Neftis,
y otras diosas,
al sol brindaban.
Cuando
aprendas, mi nieto, a nadar en leyendas, mitos y muchas creencias, verás
que cuanto he dicho sirve para abrir cofres, baúles y cajas llenas de
buenos sentimientos.
¡Ah, vida
hermosa, grande es tu amor durante el día y la noche!
Permíteme
orar sobre tu vientre.
Y oré no sé en qué lengua, y les sonreí, les sonreí a la vida y a la
muerte...
Aquel amor
antiguo que vi en la sombra, todavía brilla en las páginas de mi ombligo y
titila en la punta de mi inquieta y real lengua.
Llevo en mi
corazón la vida de mis diosas. Y nunca hablo
de vagos sentimientos
ocultos.
Sobre mis
creencias pasan años, siglos, milenios, mas sobre
tu cerebro, tierno y
fresco, mi nieto, vuelan los vigilantes de conciencias y cultos.
Nunca, nunca, mi
nieto, nunca olvides que el tiempo y el día y la noche saben donde se
oculta un lazo para unir los suspiros. Y saben, también, dónde un ser
humano puede cultivar y guardar un puro corazón. Anda, corre, vive y ama.
Desde aquí observaré
la vía de tus años. Espero que me digas al
comenzar tus risas juveniles:
“Abuelo,
soy feliz. Sé multiplicar panes, peces y corazones. En un bendito cofre
guardo mis sentimientos”.
ANTERIORES
Del Baúl del
Recuerdo
Arturo Uslar
Pietri y Juan Ramón Quiñones
El
venezolano Arturo Uslar Pietri, uno de los intelectuales más importantes
de Latinoamérica del Siglo XX, y el dominicano Juan Ramón Quiñones,
creador de la Poesía Infinita, en homenaje que les rindió la Sociedad
Interamericana de Prensa en Santiago de Chile, 1972.
Orlando Alcántara dedica tres poemas a Juan Ramón Quiñones y a su Poesía
Infinita
El prestigioso
crítico literario, teólogo y poeta dominicano Orlando Alcántara escribió
tres poemas en honor al también poeta dominicano Juan Ramón Quiñones. Para
leerlos haga clic en esta área.
Listín Diario
destaca labor literaria de Quiñones
De la pluma de Luis Beiro:
"Más acá de los años
Juan Ramón Quiñones es de los pocos poetas dominicanos que nos quedan en
al amplio y total sentido de la palabra. Una parte importante
de su obra ha permanecido inédita durante años, no obstante ser reconocido
como un autor de valía, respetado y querido por sus osadías formales y su
rectilínea conducta como escritor y como ser humano",
dice el Listín.
(LEER
COMPLETO).
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