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Juan Ramón Quiñones

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Sitio personal sin fines de lucro, creado para difundir, principalmente, la

poesía infinita de Quiñones y su producción pictórica       

 

 

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Juan Ramón Quiñones

Juan Ramón Quiñones Marte, creador de la Poesía Infinita y dueño de un estilo esotérico en la pintura, desde corta edad está dedicado a la pintura y a la literatura. En su trayectoria profesional le han otorgado importantes premios y reconocimientos a nivel internacional.

Quiñones recibió en Chile, junto al intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri, el máximo galardón de la Sociedad Interamericana de Prensa, el SIP-Mergenthaler (1972),  equivalente al Pulitzer para los latinoamericanos.

Sus obras pictóricas han sido destinadas por el artista, periodista, escritor y poeta dominicano, a  coleccionistas residentes en  Santo Domingo, París, Madrid, Miami y Nueva York.

Además del SIP-Mergenthaler, Juan Ramón Quiñones es el ganador del Primer Premio de Periodismo,  Fundación Pellerano Alfau (1973),  periódico Listín Diario, República Dominicana y del Primer Premio Guido Gil, Centro Cultural Universitario,  Universidad Autónoma de Santo Domingo (1973). Fue profesor en la Universidad Central del Este (UCE) y en la Universidad Eugenio María de Hostos, ambas dominicanas. En 1979 fundó la revista LETRA GRANDE, arte y literatura y años antes a CARTA DOMINICANA, revista dedicada a temas económicos. Los volúmenes de LETRA GRANDE, en formato de libro, han llegado a lejanos lugares de varios continentes.

En el campo de su Poesía Infinita, Juan Ramón Quiñones cuenta con varias obras, la mayor parte inédita. Por su labor literaria recibió distinciones del Centro Internacional de Estudios Poéticos, Quito, Ecuador, en el cual se le nombró miembro honorífico. Entre sus obras literarias figuran: En el Cráneo de Aconde y Palo Seco.

Orlando Alcántara dedica tres poemas a Juan Ramón Quiñones y a su Poesía Infinita

El prestigioso crítico literario, teólogo y poeta dominicano Orlando Alcántara escribió tres poemas en honor al también poeta dominicano Juan Ramón Quiñones. Para leerlos haga clic en esta área.

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Alvaro Arvelo sitúa a Juan Ramón Quiñones entre veintiuna personalidades que han dado prestigio a la República Dominicana

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Listín Diario destaca labor literaria de Quiñones

De la pluma de Luis Beiro:

"Más acá de los años
Juan Ramón Quiñones es de los pocos poetas dominicanos que nos quedan en al amplio y total sentido de la palabra. Una parte importante de su obra ha permanecido inédita durante años, no obstante ser reconocido como un autor de valía, respetado y querido por sus osadías formales y su rectilínea conducta como escritor y como ser humano", dice el Listín. (LEER COMPLETO).

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Del Baúl del Recuerdo

Arturo Uslar Pietri y Juan Ramón Quiñones

El venezolano Arturo Uslar Pietri, uno de los intelectuales más importantes de Latinoamérica del Siglo XX,  y el dominicano Juan Ramón Quiñones, creador de la Poesía Infinita, en homenaje que les rindió la Sociedad Interamericana de Prensa en Santiago de Chile, 1972.

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Juan Bosch y Juan Ramón Quiñones

 

Hace 32 años el profesor Juan Bosch y el poeta Juan Ramón Quiñones pasaban gratas horas en tertulias que realizaban en diferentes sectores de Santo Domingo. Aquí aparecen en visita que le realizara Quiñones en 1979.

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Cuatro amigos desde el recuerdo

 

A veces es refrescante buscar cosas interesantes en el baúl de los recuerdos. Esta gráfica muestra uno de los momentos agradables compartidos por los poetas Pedro Mir, Rodolfo Coiscou Weber y Juan Ramón Quiñones y por el intelectual Pedro Richardson. Aquí se trata de finales del ´79, en la biblioteca de Pedro Mir. De izquierda a derecha: Quiñones, Richardson, Mir y Coiscou Weber.

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Juan Ramón Quiñones pone a circular libro 

 

El periodista, poeta, pintor y escritor dominicano Juan Ramón Quiñones inició esta semana la puesta en circulación de su  libro "Más allá de los siglos".

La obra poética está enmarcada en el exterminio de los indígenas de Quisqueya.

En carta que dirige a sus amigos, relacionados y personas de su consideración, Quiñones lanza a la luz pública "Más allá de los siglos".

-A las personas que aprecio y admiro.

Estimados amigos:

Me es muy grato enviarles mi obra MAS ALLA DE LOS SIGLOS, la cual pongo en circulación por medio de correo personal.

Abrigo la esperanza de que ustedes y yo podamos compartir la lectura de lo que han concebido y presentan  mis buenas musas sobre el “descubrimiento” de nuestra isla (de nuestras islas, de nuestro continente), principalmente en lo relativo al crimen y el exterminio.

Luego de la publicación de MAS ALLA DE LOS SIGLOS he llevado a imprenta las siguientes obras: Más Acá de los Años y Después del Primer Grito. También entrará en prensa  Familia y Sociedad, Deberes y Costumbres en el Hogar, 2da. edición.

Hace varios años publiqué PALO SECO y EN EL CRANEO DE ACONDE, obras enmarcadas en nuestras esencias nacionales y en la naturaleza del hombre.

Espero, amigos, que en MAS ALLA DE LOS SIGLOS hallen ustedes los vestigios de una sonrisa y de una lágrima de los primeros pobladores de esta isla y de los que aún viven en el resto de las tierras del Nuevo Mundo.

Con mis mejores sentimientos, atentamente les saluda, 

Juan Ramón Quiñones

 

Espera en la agonía

Juan Ramón Quiñones

Diciembre del 2006 

I

Quiero que vengas hoy, madre,

a transformar mi rústico y calmado silencio

en fina algarabía y deleitoso canto.

Quiero que me conduzcas pronto al renacimiento

y me desnudes ríos y me vistas estrellas.

Quiero que vengas breve

a repoblar de versos mis desolados sueños

y a preñar  de mil fiestas

y tres mil alboradas estas tristes miradas.

 

Ven a mis aposentos.

Más que un triste lamento

soy el eco de un náufrago.

 

II

 

Quiero que vengas hoy, madre.

Quiero que me transformes

en vocero de olímpicas antorchas,

en repartidor de aguas desbordadas

y en dador de pronósticos bienaventurados

porque anhelo aliviar esta fuerte sequía  

incrustada en mis ojos.

 

Quiero que vengas hoy a  palpar mi locura

y a remozar mis cándidos sentidos sin sentido.

Quiero, madre, que bañes de sed

el mundo y mi futuro

y que en la fuente donde depositas tu miel

encuentre yo verdades para las bendiciones.  

 

Quiero que despacito borres mi soledad,

que a mis cortas palabras

les repongas sus mágicos cristales.

Quiero que me bautices de nuevo

en  los pétalos de un arco iris

y le lleves al verano

algas de mis escondidas primaveras.

 

III

 

Ven  a mis aposentos, madre,

a las habitaciones donde se han retirado

mis antiguas sonrisas.

Mírate en mi espejo y quítame de encima

la moribunda voz del tenue porvenir.

Ven, tráeme la pintura de una antigua canción.

Enséñame a entender cómo se adornan raíces

de un roto monumento,

roto en mil y un olvidos  

y convertido en trozos de sombras.

 

Desteñido como algo vano, vago y olvidado

te espero en mi agonía, madre mía.

 

 

Vienes de noche

 

Por Juan Ramón Quiñones

 

Vienes de noche,                                                             

te acercas danzante.

Como sedosa y liviana penumbra

luces tu tez misteriosa, infinita.

Eres la paz vaginal de las vírgenes.

Eres la misma noche alta en los valles,

lista para irte con frutos al monte

de jardineros vencidos, ¡oh muerte!

 

Porque tú, noche, eres dueña

del cosmos,

porque tú silbas,

me cantas cual viento

entre los pinos de otoño en invierno,

porque tú no oras, sino que ululante

nos dices cosas sencillas de Omega.

Mientras tanto ahora repican campanas,

llora el antiguo molino de viento.

¡Oh aspas dobladas!, el polvo es un canto,

tal vez siniestro, en el hoyo

de esqueletos olvidados por nada.  

 

Vienes a ver un feliz trotamundos

que muere triste nadando en sus lágrimas.

Vienes de noche, están tristes tus duendes,

vienes silente a rodar otro drama.

En uso habrá un ataúd más, pobre cadáver.

Es oportuno pedirte de hinojos

ruega por notas felices

en mi alma,

deja que brille una vela en mi sueño.

 

Junio del 2012

 

 

 

Libre albedrío del alma

 

Por Juan Ramón Quiñones

 

Con velas hay nueva luz

en mis sendas,

luz matinal de los vírgenes mundos.

Eres la misma noche,

alma oculta,

por intereses de espíritus sacros.

 

Sólo la eterna luz

puede alejarse

del negro manto

que cubre a los ya idos.

Sin embargo, observa, noche inequívoca,

que luz y abismo

batallan por mi alma.

 

¿A quién la entrego? es mi libre albedrío.

¿Es preferible vivir a morir?

Sabes, contigo hoy no voy a otro mundo.

 

Mírame, estoy acostado,

¡ay! enfermo.

Tarde o temprano hablaremos de nuevo

aunque tú sólo silbar sepas,

¡oh ídos!

 

Junio del 2012

 

 

 

Al final

 

Por Juan Ramón Quiñones

 

Mientras te veo

plenamente contenta

me parapeto, ay, entre olas y estrellas,

cumbres y cabos pondrán a los duendes

a revivir como el ave,

¡oh cenizas!

 

En una alfombra violeta tú vuelas

para que búhos tristes vean los paraísos

que atrás se quedan sin toques gloriosos

¡ay encendidas hogueras!,

¡ay cuerpos!

 

Quieres, o un día querrás guarecerme

en aposentos

privados celestes

porque al callar, cuando cesen los versos,

nobles, plebeyas, pero amplias mis alas

en sus descansos y viajes dirán:

¿Para qué, cielos, había un final?

 

 

Junio del 2012

 

 

 

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Secretos

31 de marzo del 2006 

Barro para la vida 

Juan Ramón Quiñones

 

Grandes sueños y grandes ilusiones

mueven párpados tibios

y encantadas lágrimas.

Con deseos y visiones,

sonrisas y horizontes,

puedes enamorarte de las estrellas.

Si fallan tus ideales y nuestras fantasías,

cunas y nidos tórnanse en ruinas

y la vida detiene el canto en mi garganta.

Si destruyes tu imagen frente al agua o al fuego,

destruyes el encanto de la tierra.

No suspendas tus sueños, seco barro,

aunque la soledad o la aflicción hoy cultiven mis lágrimas.

Arráncale cuadrículas al cielo

para construir imágenes entre los altos mundos de tu sexo.

Enciende mis antorchas,

éstas, las que andarán en la cúspide de mis dedos.

No derribes columpios en el sol

y deja que yo juegue con Anaximandro,

que Tales de Mileto con cántaros de pura agua te señale mi origen,

que una momia me cuente sus travesuras

y que el frágil Coloso de Rodas ilumine mi estatura.

 

Deja correr mis lágrimas en la mar

y que la sal navegue entre las brumas de los abismos;

que mis sonrisas palpen la curva del arco iris,

y mis sentidos pactos de misericordia recojan de una voz divina.

 

Hoy quiero imaginarme, barro,

que soy moldeado por diosas como mi madre,

y animado por dioses como mi padre,

mientras pinto mi rostro en mágico espejo

para que la paloma del diluvio

descanse en las ramas de mis ojos.

 

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La República Dominicana todavía respira gracias a la obra de Rodolfo Coiscou Weber, amigo del alma

 

Por Juan Ramón Quiñones

 

Rodolfo Coiscou Weber era un poeta, era mucho más que un hombre: Un virtuoso intelectual. Su nacimiento está registrado en las páginas de la historia de la República Dominicana, y, por lo tanto, puede decirse que eternamente ocupará uno de los más brillantes lugares de la literatura dominicana.

A la República le dolió su muerte, al igual que a la mayoría de sus habitantes. Muchas personas conocían su interior porque era sincero y cargaba sobre sus hombros una obra cultural inmensa. El había trascendido algunas demarcaciones provinciales. Su poesía y sus publicaciones  caminaban por senderos de dioses. Fue fundador de la Escuela de Periodismo en la Universidad Central del Este (UCE).  

Rodolfo y yo disfrutamos de una de las mejores épocas de nuestras vidas. En el pequeño patio español de su casa, en la Zona  Colonial, creábamos universos. El a veces exhibía una mariposa en la punta de una espada, deshojaba margaritas o conversaba con los buenos hombres que sólo nosotros conocíamos. Y él siempre preguntaba a una entidad desconocida: “Entonces, Buen Hombre, decidme de qué lado está la canción”. También poníamos a girar nuestros universos con mi Poesía Infinita. Ocho a diez horas, parte de una tarde y parte de una noche, las compartíamos, de manera incansable, con las musas. Goethe, Mann, Hesse, Spinoza, Jung, Nietzsche, Freud, Shakespeare, Cervantes, Neruda, García Márquez, más pobladores de la fuente Nobel de Literatura y decenas de amigos griegos, entre ellos Homero, Aristófanes y Sócrates, nos acompañaban en nuestros diálogos. Y, como es natural, afloraban en nuestros juicios las obras de muchos autores dominicanos.  

Desde que Rodolfo se marchó, frecuentemente lloro. Hoy viernes lo recuerdo enjugándome las lágrimas. Presiento que un día Santo Domingo, con el nombre Rodolfo Coiscou Weber puesto a una avenida, a un museo o a una biblioteca, dirá a las nuevas generaciones que la República Dominicana todavía respira gracias a la obra de Rodolfo Coiscou Weber, amigo del alma. (Septiembre 30 de 2011)

 

En alta posada 

Juan Ramón Quiñones

Oh luz oscura, muéstrame tus senos.

Desnúdate ante el sol de mis abismos.

Báilame tus secretos.

¿Cómo vuelvo?

Sí, dime cómo vuelvo al color dulce que perdieron llorando mis recuerdos.

Dime dónde descubro paz y música, dónde nacen los sueños y las palmas, dónde brillan las sombras, las sonrisas.

Oh color de avecillas y delfines.

Oh voz de mariposas deshojadas.

Este eco tan carnívoro se viste de barro futurista y azul-miedo.

Loa al falo bendito que hizo hombre a un pobre jardinero y buena diosa a una salvaje virgen, oh tristeza.

¿Por qué debo alejarme de esta guerra?

Oh luz oscura, muéstrame tus senos.

Desnúdate ante el sol de mis abismos.

Báilame tus secretos, ¿cómo vuelvo?

Dime si es melodiosa, y más,  la muerte.

Octubre del 2012