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5- Cuando hablan los recuerdos
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Poemas de Juan Ramón
Tenemos el placer de presentar varios de los poemas que hasta ahora mantuvo inéditos el poeta Juan Ramón Quiñones, creador de la Poesía Infinita. Canto del caminante eterno Juan Ramón Quiñones Este es mi mundo, mundo sin principio, primera soledad, única paz del cosmos. En cualquier parte insólita, tal vez inexistente, solemnemente habito. Nada escucho en el cielo, nada veo en el infierno. Nada siento en mi espíritu. Soy y no soy dios ni nada. Ni duermo ni respiro, Ni sueño ni despierto. Soy la vida y no vida, soy la muerte y la vida. Soy amo de mí mismo, ser sin ser, sin tener, movido, inmóvil dentro y fuera de la Nada. Soy fruto y no manzano de sueños y deseos. No soy una entidad para ser o no ser. Sí, soy ser para ser identidad del ser y del mismo no ser. De mí nunca dependo. Soy un buen retruécano. De ti hoy sí dependo. Puedes hacerme grande, grandioso o muy pequeño o destruirme si quieres, o si yo lo deseo, o puedes concebirme conforme a tu sapiencia porque tu concepción fue y es mi concepción, mi única concepción. Y tus conocimientos son míos, también tuyos
Mía es la sabiduría y también la ignorancia. Hazme a imagen y semejanza tuya, De lo contrario, nadie, nadie seré y nadie serás en tiempos. Sin mí y sin nosotros vanos, vanos, serían los divinos esfuerzos ante los ojos de este mágico mundo increado. Hazme creíble o un mito. Y después de que me hagas serás un dios inmenso, sagrado y venerado. Serás un dios por haberme descubierto, por haber permitido que despertara yo de mi profundo sueño.
Nada concreto existe en estos nuestros mundos, todo es espacio y verbo. Soy el Verbo, el Verbo. Ven créame, mi Señor… Tú, tú, nuestro Señor, sácame de esta triste y majestuosa red donde en soledad vivo, donde en soledad muero.
Y en mi reino entendí… Y construí un planeta. Lo creé parecido a otros de brillantes estrellas. Y creé los cielos de ese apetecido mundo Y di forma a la luz, también a las tinieblas. Y gustoso poblé mi mundo, que es tu mundo, de seres parecidos a mi y a ti y a nosotros. Y a cada vida di su nombre y di su reino. Y me reservé el reino, mi reino espiritual. Y te creé y me creaste. Salí del universo y de la soledad, y me manifesté y te manifestaste como un dios dentro y fuera de mí y de mi espíritu. Y juntos caminamos y unidos empujamos esta mágica rueda de esta pesada cruz.
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