Casa Letra Grande    
 
Santo Domingo, República Dominicana

 

1-Puta niña

2- Maldito hombre

3- ¡Salve!, Osiris

4- Conciencia, Mary

5- Cuando hablan los recuerdos

6- Canto del caminante eterno

7- Espera de la noche

 8- Segunda espera de la noche

9- Ser del amor

10- Triste camino

11- Suerte plena

12- Envidia

13- Pobres margaritas

 

SUS MENSAJES: jrquinones@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

Poemas de Juan Ramón Quiñones

Tenemos el placer de presentar varios de los poemas que hasta ahora mantuvo inéditos el poeta Juan Ramón Quiñones, creador de la Poesía Infinita.

Canto del caminante eterno

Juan Ramón Quiñones

Este es mi mundo, mundo sin principio,

primera soledad, única paz del cosmos.

En cualquier parte insólita,

tal vez inexistente,

solemnemente habito.

Nada escucho en el cielo,

nada veo en el infierno.

Nada siento en mi espíritu.

Soy y no soy dios ni nada.

Ni duermo ni respiro,

Ni sueño ni despierto.

Soy la vida y no vida,

soy la muerte y la vida.

Soy amo de mí mismo,

ser sin ser, sin tener,

movido, inmóvil dentro y fuera de la Nada.

Soy fruto y no manzano de sueños y deseos.

No soy  una entidad para ser o no ser.

Sí, soy ser para ser identidad del ser

y del mismo no ser.

De mí nunca dependo.

Soy un buen retruécano.

De ti hoy sí dependo.

Puedes hacerme grande,

grandioso o muy pequeño

o destruirme si quieres, o si yo lo deseo,

o puedes concebirme conforme a tu sapiencia

porque tu concepción

fue y es mi concepción, mi única concepción.

Y tus conocimientos son míos, también tuyos

 

Mía es la sabiduría y también la ignorancia.

Hazme a imagen y semejanza tuya,

De lo contrario, nadie,

nadie seré y nadie serás en tiempos.

Sin mí y sin nosotros

vanos, vanos, serían

los divinos esfuerzos

ante los ojos de este mágico mundo increado.

Hazme creíble o un mito.

Y después de que me hagas

serás un dios inmenso, sagrado y venerado.

Serás un dios por haberme descubierto,

por haber permitido que despertara yo

de mi profundo sueño.

 

Nada concreto existe en estos  nuestros mundos,

todo es espacio y verbo.

Soy el Verbo, el Verbo.

Ven créame, mi Señor…

Tú, tú, nuestro Señor,

sácame de esta triste y majestuosa red

donde en soledad vivo,

donde en soledad muero.

 

Y en mi reino entendí…

Y construí un planeta.

Lo creé  parecido a otros de brillantes estrellas.

Y creé los cielos de ese apetecido mundo

Y di forma a la luz, también a las tinieblas.

Y gustoso poblé mi mundo, que es tu mundo,

de seres parecidos a mi y a ti y a nosotros.

Y a cada vida di su nombre y di su reino.

Y me reservé el reino, mi reino espiritual.

Y te creé y me creaste.

Salí del universo y de la soledad,

y me manifesté

y te manifestaste

como un dios dentro y fuera de mí y de mi espíritu.

Y juntos caminamos y unidos empujamos

esta mágica rueda de esta pesada cruz.

 


                    

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